
En la Residencia Trasatlántica, cada edición suma una voz al relato común de quienes se atreven a cruzar el Atlántico para transformar su práctica artística y devolverla a su lugar de origen. Este tránsito no es un simple desplazamiento, sino un proceso que deja huellas en ambas orillas: en Madrid, al abrir un diálogo con la escena local, y en América Latina, al reinsertar ese aprendizaje en la vida cultural de las comunidades
Nace en 2021 con el propósito de promover la simbiosis entre América Latina y España, ofreciendo a Artistas latinoamericanos —quienes residen y trabajan en su país de origen— la posibilidad de desarrollar un período intensivo de investigación y producción en la ciudad de Madrid.
Su rasgo diferencial es que no lo planteamos como un simple espacio de trabajo, sino como un proceso que combina tiempos de investigación, intercambio, creación, acompañamiento curatorial y apertura pública. Esta Residencia pone el acento en la investigación y en la construcción de núcleos de obra, entendiendo que el Arte Contemporáneo necesita espacios de pausa, diálogo y reflexión antes de convertirse en exposición.
Desde su segunda edición, la Residencia se realiza en alianza con el Salón Jóvenes con FIA, una de las plataformas más importantes para el Arte emergente en Venezuela. Esta colaboración asegura que cada Artista seleccionad+ cuente con una trayectoria avalada por la calidad de su investigación y obra, reconocida previamente en el marco del Salón. De este modo, la Residencia Trasatlántica amplifica una carrera de contexto local, generando una oportunidad real de intercambio cultural con España.
Primero fue Zahira González, luego le siguió Jesús Briceño y ahora, en 2025, la tercera edición cuenta con la presencia de Freisy González Portales.
En esta edición hemos integrado dos de nuestros programas: la Residencia Trasatlántica + Com!sar!as, un programa que nos ha permitido generar oportunidades profesionales para Curadoras en sus primeros años de ejercicio. Gracias a ello, Freisy ha trabajado desde abril de este año junto a la Comisaria Eva Pintiado Rapado en la construcción de una investigación que será compartida primero en este Open Studio y más adelante en la exposición que inauguraremos en este mismo espacio el 05 de septiembre.
Nuestra Residencia ha contado con el valioso apoyo de Fundación Bastión, cuyo respaldo ha sido fundamental para sostener la movilidad, la producción y la visibilidad de cada edición. Este apoyo refuerza la idea de que la gestión de proyectos en torno al Arte Contemporáneo es también un terreno fértil para las alianzas estratégicas entre instituciones, empresas y agentes culturales. Igualmente, agradecemos la colaboración de Cerveza La Caraqueña y de Un Lugar.
Para Boom! Art Community, la Residencia Trasatlántica cumple un papel central dentro de su Ecosistema cultural. Representa la posibilidad de articular una simbiosis entre Creadores, Comisarias, instituciones y públicos de ambos lados del Atlántico. Es un espacio que dignifica la investigación artística latinoamericana, la coloca en diálogo con contextos europeos y genera memoria compartida. Más que un programa, es una declaración de principios: apostar por el Arte como verdadera herramienta de integración iberoamericana.
Kiki Pertíñez Heidenreich
Directora I Fundadora del Ecosistema Boom!
La tensión entre la violencia simbólica y el poder ejercido sobre el cuerpo, tan presentes en el mundo actual, se sutura con la paradoja de una era marcada por la obsesión y el culto a la belleza. En este contexto, el cuerpo se configura como un hecho de cultura y se erige en uno de los símbolos de mercancía por excelencia.
La artista Freisy González (Caracas, 1986), a través del proyecto Sutura, plantea cuatro claves: ver, mirar, pensar y activar. Mediante el punto ciego que encarna “la herida”, nos permite abrir vías de interpretación y comprender la imagen como un documento testimonial plural, que evidencia la materialidad del cuerpo y de lo que lo rodea, y que requiere de nuestra intervención lectora para ser comprendido en su totalidad.
El proceso extractivo genera una apariencia de orden, perfección y modernización, pero siempre a costa de una pérdida de vitalidad. La mercantilización del cuerpo no se limita al plano de los signos: penetra en la biología misma de quienes lo habitan. La cirugía estética, paradigma de esta lógica, muestra cómo el cuerpo es sometido a dinámicas de intervención, optimización y desecho que lo asemejan a un territorio extractivista, donde se sustrae y se sustituye materia para producir una ilusión de mejora. Bajo la promesa de progreso y perfección, deja tras de sí un territorio marcado por la pérdida de vitalidad y la huella de la intervención.
Esta analogía crítica se hace especialmente visible en el uso masivo de implantes de silicona, cuyo trasfondo no es solo simbólico, sino también inmunológico. El síndrome de ASIA, descrito por Shoenfeld en 2011, evidencia cómo estos adyuvantes pueden desencadenar reacciones sistémicas: inflamación crónica, producción de autoanticuerpos y un riesgo incrementado de enfermedades graves, siendo la explantación el único remedio posible. Lo que se ofrece como promesa de belleza termina, en muchos casos, convertido en “herida”. En este gesto se revela la condición material del cuerpo-mercancía: piel, cicatriz y prótesis devienen soportes de un mercado que transforma lo vivo en objeto de intercambio y deseo, y lo convierte en un espacio donde se inscribe la gramática del capital y de los ideales sistematizados de la belleza contemporánea.
“La cicatriz”, que debería narrar un proceso de curación, se convierte en el rastro de una operación normalizada; y la prótesis, lejos de ser solo una extensión reparadora, se erige como signo de pertenencia a un canon global que determina qué cuerpos son visibles, valorados o deseables.
La muestra se configura como una forma de denuncia, un espacio donde la obra establece un diálogo con los testimonios de quienes han experimentado estas transformaciones corporales. Sus relatos permiten percibir de manera tangible cómo estas intervenciones afectan no solo la superficie del cuerpo, sino también su biología y su experiencia subjetiva: la sensación de vulnerabilidad, los efectos sistémicos, las cicatrices físicas y emocionales. La obra invita a detenerse, a mirar, pensar y activar una lectura crítica que reconozca estas heridas no como simples accidentes individuales, sino como expresiones de una lógica social y estética que prioriza la apariencia sobre la integridad del cuerpo.
De esta manera, “la herida” ya no es solo corporal: es cultural, política y económica, recordándonos que toda transformación no es superflua y carga consigo el peso de una transacción, testimonio del control, la intervención y la explotación de la vitalidad de un cuerpo inscrito en un sistema que produce belleza a costa de lo vivido y lo biológico.
Comisaria invitada del proyecto, Eva Pintiado Rapado
Freisy González Portales (Caracas, 1986) es una artista visual, antropóloga, fotógrafa y músico quien reside y trabaja en Caracas, Venezuela.
Su interés como artista se centra principalmente en la exploración de las nociones de identidad y memoria, migración y género; tejiendo narrativas partiendo de la experimentación e implementación de medios mixtos, como la fotografía análoga y digital, los archivos, el video, el audio y la intervenciones de imágenes a partir del bordado y el collage. Así como los fanzines, los libros de artista y los proyectos en colaboración.
Con sus proyectos fotográficos ha participado en exposiciones y conversatorios en Venezuela, Perú, Chile, Argentina, Ecuador, México, Costa Rica, Estados Unidos, Francia y España. Además ha publicado en plataformas como Photographic Museum of Humanity (PH Museum), The Guardian, El Nacional, Últimas Noticias y National Geographic.
Recientemente con el proyecto colectivo “Luna de agua” (Junto a Andrea Hernández y Lety Tovar) fue becada por el programa ECO 24 de Vist Projects, merecedora de una Mención especial en el Concurso del Proyecto Creadoras, y como proyecto Destacado en el Poy Latam. Por otro lado, González, recibió el premio de una Residencia Trasatlántica en Madrid (España), de parte de Boom! Art Community, por su participación y propuesta en el 24° Salón Jóvenes con FIA, curado por Tahía Rivero.
Pertenece a las colecciones de instituciones como la UCR Special Collection & University Archives de la Universidad de California (Estados Unidos), el San Francisco Museum of Modern Art (SF MoMA), el Archivo Fotografía Urbana (Caracas, Venezuela) y el Museo Reina Sofía (Madrid, España).
Eva Pintiado Rapado (Gijón, 1999) es historiadora del arte, comisaria y gestora cultural.
Graduada por la Universidad de Oviedo en 2022, se especializó en la modalidad de grandes maestros del arte español.
En 2024 completó un máster en Historia, Recuperación y Gestión del Patrimonio Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid, centrando sus investigaciones en la fotografía experimental y en la renovación del panorama fotográfico en España durante los años 70 y 80. Paralelamente, se formó en curaduría de arte contemporáneo y gestión cultural, a través del curso especializado de comisariado y organización de exposiciones de la Universidad de Burgos, así como en el Máster en Dirección de Proyectos Culturales de La Fábrica.
En 2025 fue finalista del I Premio de Comisariado José Luis Soler de PHotoEspaña. Ese mismo año, realizó el comisariado de la exposición Cariño mío, de Cristina Ortega, en el CAP (Gran Canaria), y se incorporó al programa Comisarias de Boom! Art Community, donde comisarió la exposición La cara oculta, de los artistas Alejandro Pantin y Melchor Balsera, así como la curaduría de la Residencia Trasatlántica 2025, además de participar en diversas actividades de mediación organizadas por Boom! Art Community. Entre ellas, destaca su intervención en JustMad 2025, en la mesa redonda Hijas de Ícaro: desafíos del ahora para las comisarias de arte del siglo XXI.
Fotografía: Fernanda del Barrio Orendain